VIVIENDO EN FRANCIA, PENSANDO EN  LATINOAMERICA:

LOS ENSAYOS  DE MANUEL UGARTE EN PARÍS.[1]

 

Mônica E. Scarano – Univ. Nac. de Mar del Plata / CONICET

 

 

Experiencia y expectativas de la vida en París

 

Si en el mundo moderno occidental, el desplazamiento de los individuos, desde lugares periféricos hacia los centros metropolitanos, ha sido siempre una experiencia estimulante y en cierto modo provocadora, que deja huellas profundas en la biografía personal y colectiva de los sujetos que viajan, migran o se exilian, es comprensible que, en el contexto cambiante y complejo del proceso modernizador de las jóvenes naciones latinoamericanas del entresiglo pasado, la instancia de ese viaje haya alcanzado contornos particulares cuando el viajero era un escritor, un periodista, un pensador, un intelectual latinoamericano, más aún si venía de algún país del sur del continente y se instalaba en París.

Ya a partir de la etapa preparatoria de la formación de los estados nacionales en el subcontinente, el pasaje por Europa de las elites letradas nutrió las preocupaciones utilitarias de los privilegiados viajeros coloniales, estimuló la avidez balzaciana de adquirir renombre y consagración como autor o contribuyó a su iniciación estético-cultural. Y en todos los casos prodigó aprendizajes más o menos sistemáticos que, con el correr del siglo, contribuirían a que estas naciones, en particular las de la América del Sur, donde el impacto de la modernización cultural del fin-de-siècle fue mayor, comenzaran a “ser para Europa y a significarse en sus hombres desde Europa” (D. VIÑAS, 26).

La aspiración de las naciones más modernas de Latinoamérica por “europeizarse” y alcanzar cierta visibilidad y reconocimiento en la escena mundial, convive – no sin conflicto – con el fortalecimiento de la condición “latinoamericana” como zona marginal de la cultura moderna occidental que, no obstante, exhibe marcas características que permiten particularizarla como tal. Este desencuentro decanta en la escritura de ese período, de modos diversos, a veces antagónicos entre sí, otras contradictorios y ambiguos aún dentro de los límites de la obra de un mismo autor. La fascinación por la gestualidad social, los valores y las oportunidades promovidas por la vida parisina y el irresistible deseo mimético que impregna fuertemente las expresiones artísticas de la época, a menudo conviven – en muchos casos, arduamente – con el deseo de “crear culturas descolonizadas y autónomas, reteniendo al mismo tiempo los valores europeos y la supremacía blanca”(PRATT, 24), tal como se insinúa en algunas autorrepresentaciones finiseculares, herederas de esa dinámica instalada desde la etapa de autoformación de la conciencia criolla.

Esta es la cuestión que nos orientó en la elección de um corpus de textos ideológicos dentro de la producción temprana del escritor argentino Manuel Ugarte[2], para concentrar en ellos nuestra indagación. Se trata de um conjunto disperso de ensayos breves, algunos de ellos fragmentarios, que Ugarte escribió en los años de su segunda estadia en París, en primera instancia para periódicos y revistas europeas y sudamericanas, reunidos poco después por el mismo autor en una serie de volúmenes antológicos, sin un orden ni un método riguroso, publicados en prestigiosas editoriales de París, Valencia y Barcelona. En estos textos, el centro del interés reside en el proyecto de insertar a la “comunidad intelectual’ latinoamericana en el contexto moderno occidental y en los contornos dilatados del ordem mundial, y en consecuencia redefinir los modos de representación literaria, las figuras del escritor y del artista y sus nuevas funciones ante las más redentes transformaciones modernizadoras y sus efectos sociales, económicos y políticos, difundidos a gran escala en esos tiempos de mundialización.

Conviene hacer notar que las argumentaciones desarrolladas por Ugarte en estos ensayos remiten directamente a su nueva situación de enunciación y parten de la experiencia vivida por él mismo en las tertulias literarias parisinas, de los testimonios recogidos en visitas y entrevistas realizadas a figuras destacadas de la intelectualidad francesa y española contemporánea, así como de las reflexiones provocadas por los reacomodos que percibía en la escena estética y cultural del Paris finisecular donde circulaba, debatía y se posicionaba frente a las polémicas y los desafíos que planteaba, tanto en Europa como en la América Española, el “salto modernizador”.

Debe tenerse en cuenta además que, en el marco de la producción escrita por el autor en esos años, los volúmenes misceláneos que seleccionamos: El arte y la democracia (Prosa de lucha) (EAYAD)) (1905), Enfermedades sociales (ES) (1906), Burbujas de la vida (BDLV) y Las nuevas tendencias literarias (LNTL) (1908), muestran un deliberado interés en exhibir su condición de parergon o borrador provisional, complementario de sus otros textos coletáneos y al mismo tiempo preparatorio de sus ensayos políticos posteriores, más definitivos y acabados[3], no solamente por el repertorio ideológico que en aquellos se trazaba sino también por la potencialidad literaria que encerraban.

Antes de avanzar en los argumentos y modalidades compositivas que en ellos se ensayan, conviene recordar cómo y con qué expectativas arribó Ugarte a París. Miembro de una familia de la clase alta argentina, había llegado a esa capital cultural por primera vez, en 1889, para asistir con sus padres a la cuarta Exposición Universal de París, cumpliendo con el ritual que distinguía a los ilustres miembros su clase social, y permaneció en esa ciudad varios meses, aprendiendo francés. Al regresar publicó varios libros de poemas, con la asistencia económica de su padre. En 1895 creó y dirigió La Revista Literaria, cuyo lema – “Por la unidad intelectual y moral hispanoamericana” – siguiendo el modelo de la Revista Nacional del uruguayo José Enrique Rodó, ya anunciaba el ideal de unidad transnacional que perseguiría en la cruzada latinoamericanista una década después. Fracasada su empresa, en 1897, partió por segunda vez a Europa, en busca de nuevos aires (“carecía de oxígeno en mi propia tierra”, confiesa). Esta nueva experiencia se encuadrará en lo que David Viñas ha señalado como el “primer momento del viaje de la izquierda” (68-77), junto con las de otros viajeros como el anarquista Alberto Ghiraldo y José Ingenieros. Sin embargo, la tardía inserción del marxismo en la escena intelectual argentina dio lugar a la perduración de resabios del viaje estético de los gentlemen-escritores junto a la prolongada vigencia de la tradición liberal.

Así, en el París agitado y embriagador del entresiglo pasado, ingresa con veleidades de escritor, a los círculos de artistas e intelectuales franceses, españoles y latinoamericanos exiliados o voluntariamente radicados allí, alternando una vida bohemia muy sui generis, de Montmartre, al resguardo de las precariedades y zozobras cotidianas gracias a la infaltable ayuda paterna, con el estudio de idiomas modernos y la asistencia a cursos de sociologia y filosofia en la universidad. Hasta qué punto la situación de agitacíón social y combate ideológico del París que encuentra a su arribo, impacta en los escritos que nos ocupan es algo relativamente fácil de verificar. Basta revisar las estrategias compositivas que confirman, en el acto de la representación simbólica, los rasgos de la realidad de la que programáticamente no se pueden sustraer. Por una parte, las nociones de efervescencia vital, literatura de combate, novedad literaria, estado enfermizo, connotadas desde los títulos de los volúmenes, adelantan una temporalidad cultural, política y social, tan cambiante y turbulenta como conflictiva e inasible, que reclama un estilo natural y adecuado a esa descripción. Como es de esperar, la fórmula del cambio literario que se propondrá es puesta a prueba en el mismo acto que la despliega: lenguaje flexible, expresión rápida, emociones sinceras, evitando su contrapartida: la pose, el forcejeo gramatical, los preciosismos, los párrafos huecos, las palabrerías brillantes (cfr EAYLD, 55-63). El ritmo apremiante de la vida urbana moderna y las ambivalencias de una época de transición y reelaboración se compadecen con la premura de su composición (al compaginar materiales misceláneos de difícil acceso para rescatarlos del olvido, “al azar de las circunstancias, en medio de los juveniles entusiasmos y las ciegas improvisaciones” (LNTL, VIII), el fragmentarismo de su estilo, y los efectos expresivos tan valorados de precisión yclaridad, la mesurada preferencia por los tonos medios, evitando tanto el uso abusivo de las exclamativas como la acumulación injustificada de interrogaciones retóricas, imágenes y metáforas extravagantes.

Por otra parte, la impronta provisoria, improvisada y tentativa de los programas, las réplicas, los comentarios circunstanciales y los argumentos que inician o continúan un debate y asimismo la condición abierta a futuras rectificaciones y desvíos del proyecto que se expone, justifican una vez más el acierto de la utilización del ensayo breve y periodístico, género que – es necesario recordalo – será explícitamente desestimado por el propio Ugarte, ansioso por alcanzar su consagración literaria mediante la edición de una “obra definitiva” yvoluminosa. La misma justificación de esa función genérica proviene del carácter a menudo aleatorio de las reflexiones que comunican, surgidas incidentalmente a veces a partir de una anécdota, un encuentro inesperado, el comentario inevitable de un nuevo libro que llama su atención, una celebración o un suceso trivial, siempre sobre el telón de fondo de escenas típicamente parisinas: carruajes, en los bulevares, multitudes abigarradas en escenas callejeras, vendedores ambulantes, un viaje en ferrocarril donde se encuentra de improviso con el socialista Jean Jaurès, o una conversación entre amigos en un café, por mencionar sólo algunas de las tantísimas escenas que enmarcan las reflexiones en estos ensayos. Y otro tanto podría añadirse respecto de los condicionamientos formales que les imponen los periódicos y revistas donde se insertan, en cuanto a extensión, tópicos, formas de elocución, registros lingüísticos, selección léxica, uso de las imágenes y combinación de modalidades enunciativas.

 

El ensayo como escritura sesgada: vivir en París/pensar en Latinoamérica

 

Mirados en conjunto los ensayos que comentamos nos aportan un dato curioso que contribuye a deconstruir la dialéctica del “vivir en” y “escribír desde /

 

Atenção: texto incompleto

 

Referências Bibliográficas:

 

ALTAMIRANO, Carlos. “Intelectuales y pueblo”, C. ALTAMIRANO, compil. La Argentina en el siglo XX. Bs. As.: Ariel / Univ. Nac. Quilmes, 1999.

BAUMAN, Zygmunt. Legisladores e intérpretes. Sobre la modernidad, la posmodenidad y los intelectuales. Trad. de H. Pons. Quilmes, Argentina: Univ. Nac. Quilmes, 1997.

GALASSO, Norberto. Manuel Ugarte: un argentino “maldito”. Bs. As.: Edics. del Pensamiento Nacional, 1985.

PRATT, Mary Louise. Ojos imperiales. Literatura de viajes y transculturación. 1ª ed. en ingl.: Routledge, 1992. Trad.de Ofelia Castillo. Quilmes, Argentina: Univ. Nac. Quilmes, 1997.

UGARTE, Manuel. Burbujas de la vida. Paris: Soc. de Edics. Literarias y Artísticas – Librería Paul Ollendorff 1908.

UGARTE, Manuel. El arte y la democracia (prosa de lucho). Valencia-Bs.As: F. Sempere y Cía. Edits., 1905.

________. Enfermedades sociales. Barcelona: Sopena Ed., 1906.

________. La nación latinoamericana. Compil, pról., notas y cronolog. por Norberto Galasso. Caracas: Bibl. Ayacucho, 1983.

________. Las nuevas tendencias literarias. Valencia – Bs.As.: F. Sempere y Cía, Editores, 1908.

________. Crónicas del bulevar. París: Garnier, 1902.

________. Paisajes parisienses. Paris: Garnier, 1901.

VIÑAS, David. Literatura argentina y realidad política. Bs. As.: CEAL, 1982.



[1]Este trabajo reúne las primeras observaciones acerca de los textos doxológicos tempranos de Manuel Ugarte, escritos en Paris en la primera década del siglo XX. Ellas forman parte de un proyecto individual de investigación que se encuentra actualmente en su etapa inicial y se desarrolla en el marco del proyecto del grupo Latinoamérica: literatura y sociedad, bajo mi dirección, cofinanciado por la UNMdP y el CONICET.

[2] Manuel Ugarte nació en San José de Flores (prov.de Bs. As., Argentina), en1875 y murió en Niza (Francia), en 1951. Fue escritor – poeta, prosista y crítico –, periodista, político e intelectual de renombre continental e internacional. Desde 1904 militó en el Partido Socialista Argentino, del que fue expulsado en dos oportunidades. Durante la primera presidencia de Perón, se desempeñó como Embajador en México, Nicaragua y Cuba, entre 1946 y 1950, fecha en que presenta su renuncia al cargo.

[3] Durante su estancia en Francia, entre 1897 y 1903, Ugarte publicó: Paisajes parisienses (1901), Crónica del bulevar (1902) y La novela de las horas y de los días (Notas íntimas de un pintor) (1903), entre otros. Años más tarde, escribió El porvenir de la América Española (1910), y tras su gira de propaganda latinoamericana por varios países de la América Latina y los Estados Unidos, Mi campaña hispanoamericana (1922), El destino de un  continente (1923), La Patria Grande (1924) y, póstumamente, La reconstrucción de Hispanoamérica) (1961).